La
comarca de Liébana se ubica en el extremo occidental
de Cantabria, limitando con Asturias, León y Palencia. Se
trata de un profundo valle, recorrido por el río Deva y
sus afluentes y rodeado por todas partes por elevadísimas
montañas, que superan casi siempre los 2.000 metros de altitud:
La Cordillera Cantábrica que incluye los Picos de Europa
y la Sierra de Peña Sagra.
Cuatro valles principales integran la comarca, Valdebaró,
municipio de Camaleño; el Valle de Cereceda, Vega de Liébana;
Valdeprado, Cabezón de Liébana y Cillorigo. En la confluencia
de los cuatro valles se encuentra la Villa de Potes, capital
indiscutible de la comarca.
La accidentada geografía de Liébana, ha sido utilizada repetidamente
como refugio a lo largo de la historia. Sus primeros
pobladores, se hicieron fuertes a las legiones romanas
en los montes Vindio y Medulio, al producirse la invasión
musulmana, muchísimos cristianos se refugian en liébana
y los últimos mahometanos supervivientes a la batalla de
Covadonga, fueron aniquilados en Los Llanos, Camaleño.
Se crearon numerosos monasterios, como San Martín
de Turieno y Santa María de Piasca, pero el más destacado
es sin duda alguna, Santo Toribio de Liébana, conocido principalmente
por albergar la reliquia del "Lignun Crucis" el mayor fragmento
conservado de la Cruz de Cristo, traída desde Tierra Santa,
tras la invasión musulmana por Toribio de Astorga. Desde
el siglo XVI, Santo Toribio de Liébana comparte con Roma,
Jerusalén y Santiago de Compostela el privilegio del Año
Jubilar: cuando la fiesta del santo, 16 de abril, cae en
domingo, se abre solemnemente la Puerta del Perdón del monasterio
y se inaugura el Año Santo Lebaniego.
Liébana tiene en el Parque Nacional de los Picos de Europa,
la culminación de su accidentada y bellísima orografía,
con cimas superiores a los 2.600 metros. El Parque Nacional
engloba la práctica totalidad de los Picos, unos 700 kilómetros
cuadrados.
La vida tradicional de Liébana se ha caracterizado
hasta hace poco tiempo per el aislamiento y la autosuficiencia,
lo que explica que la comarca haya conservado un interesante
y variado patrimonio etnográfico.
Todos los pueblos lebaniegos son museos vivos de cultura
popular, con una arquitectura rural muy notable, en la que
no faltan los escudos hidalgos y los últimos hórreos de
Cantabria.